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sábado, 15 de octubre de 2011

¿De que murieron los quemados?




Los dejo con la columna del día de hoy de ese faro del periodismo que es Federico Arreola. Daremos 100 mingols al forista con la mejor carrilla a quien también se le conoce como "el tarifas" Arreola.


Pensé que ya lo había visto todo en términos de zalamería periodística. Pero estaba equivocado. Es que, carajo, siempre se puede ser más lambiscón.

Hoy los editores de Milenio Diario rompieron otra marca. Lo hicieron al narrar, en la columna “Trascendió” –cuya redacción es responsabilidad de Ciro Gómez Leyva y Carlos Marín–, “la calurosa bienvenida que le dispensaron al presidente Felipe Calderón los 50 mil espectadores que abarrotaron al estadio Omnilife”.

Después de tanto tiempo de haber trabajado juntos, identifico en el comentario aludido el estilo de redacción de Gómez Leyva, quien seguramente consultó a su jefe Marín antes de escribirlo:

“El presidente fue nombrado primero en el discurso del gobernador de Jalisco, Emilio González, y luego por Mario Vázquez Raña, dirigente de la Organización Deportiva Panamericana. En ambos casos la mención de su nombre fue seguida de una enorme ovación. Pero cuando Calderón apareció en la pantalla gigante del estadio para hacer la declaratoria oficial, los aplausos alcanzaron el mismo nivel que los destinados al futbolista Rafael Márquez y al ex jugador y símbolo de las Chivas rayadas Chava Reyes. Medalla de oro, plata y bronce”.

Recuerdo ahora las charlas de varias horas de duración en las que Ciro y Marín afirmaban, absolutamente convencidos, que el periodismo no debe destacar lo bueno, sino lo malo.

Ellos decían que la noticia nunca es la salida diaria del sol, un evento tan positivo del que depende la vida misma. La noticia, más bien, aparece cuando se presenta el eclipse, es decir, cuando otro cuerpo celeste oculta al astro rey.

Si estoy bien informado, Marín y Ciro siguen defendiendo esa tesis… cuando teorizan sobre periodismo, porque ellos en la práctica…

Según la lógica de que solo el eclipse es noticia y nunca el cotidiano brillo del sol, las ovaciones a un gobernante no pueden de ninguna manera ser noticiosas.  La noticia sería, por supuesto, lo contrario: el abucheo. Si este no se da, el periodista no tiene nada que comentar.

¿Por qué, entonces, Marín y Ciro, conscientes de que los aplausos a Calderón no pueden ser considerados una noticia, decidieron destacarlos en la principal columna política del periódico que dirigen? Por lambiscones, solo por lambiscones.