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martes, 9 de julio de 2013

¿Por qué demonios perdieron? ¿Y por qué demonios debían ganar?



Leyendo a Ciro Gómez Leyva el día de hoy, lo primero que me vino a la cabeza fueron preguntas como "Los bajacalifornianos no votaron por el PRI, Ciro. ¿Los perdonas? ¿Respetarías su opinión? "

Más que columna, lo entregado hoy por Ciro parece un sermón o una suerte de reprimenda a los bajacalifornianos por no votar por el PRI, junto a una justificación para dicha derrota, la cual consta caló hondo en los corazones de quienes querían ver al PAN aplastado y humillado.


“El PRI obtuvo más votos que el PAN”, clama. “Kiko Vega, no era precisamente un Fox, un López Obrador, un Peña Nieto” garabatea alguien que parece escribir herido. Se toma solo y exclusivamente el punto de vista del PRI. Veladamente acepta que Castro Trenti era peor candidato que Vega, pero no llega a tanto.

La vocería nacional que declara la derrota de Josefina a la “decepción” popular por ese partido (en un país donde el PRI refrenda victorias en desastres como Chihuahua, Tamaulipas o Veracruz), prefiere mirar para otro lado y no mencionar que esta primera elección de la era Peñista mostraría, según su lógica, el desencanto del votante por el PRI y su candidato. El autor podría hablar de cuán consolidado está el gobierno panista en el estado. De que varias cosas deben de estarse haciéndose bien para que esta dinastía se extienda treinta años.  Pero nada, ni un mérito le merece el partido ganador. Todo son elogios y justificaciones para un partido que no solo es mal demócrata (por lo mapache), sino también un mal perdedor.  

Quien debe comenzar a preocuparse es Rosario Robles. Su primera encomienda era ganar Baja California. Se le sostuvo en su puesto a un gran costo, porque el PRI quería ganar ese estado.  Ahora, con el territorio perdido, Peña no tiene razones para seguir sosteniendo a alguien cuyas principales cualidades son el desprestigio y la mapachería electoral.


En resumen, Ciro hoy expresa el duelo del priismo nacional.