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sábado, 14 de enero de 2012

Domingo Palomero, "The Thing"


Todo el mundo a parte de uno mismo es un ser extraño, en principio indigno de confianza; incluso incomprensible. Es de este modo muy personal que todos son aliens jugando a hacerse pasar por quien realmente no son. ¿Conocemos sus motivos? ¿Por qué razón deberíamos de confiar en ellos?

Tal es el mensaje principal de la novela Who goes there? de John Campbell (tutor de gigantes de la ciencia ficción como Isaac Asimov, A. E. van Vogt y Robert A. Heinlein) y ha sido llevada al cine varias veces, la primera en 1951:


Pero la versión de John Carpenter de los ochentas es más conocida. Básicamente un equipo estadounidense arriba a la Antártida para averiguar la misteriosa desaparición de un equipo noruego que se desvaneció sin causa aparente.


El remake estrenado el año pasado por el joven director holandés Matthijs van Heijningen Jr. trata justamente de qué ocurrió antes de los eventos de la película ochentera.

Hasta donde se, la novela de Campbell fue la primera de muchas obras de ciencia ficción en explorar la paradoja de no ser quien se cree que es, con el consecuente conflicto aparejado a ello, a saber, la confianza. Para mí es este, y no tanto qué cosas pueden estarnos esperando allá afuera, en el espacio exterior, lo realmente inquietante. En ese aspecto se trata de un dilema enteramente humano.
Tanto el relato ochentero como en este otro nuevo se hace mucho énfasis en extraños efectos especiales, los cuales a menudo perturbadores, y en otros tantos (sobre todo en la adaptación de los ochentas) cómicos; para lograr el mismo feeling de la obra de Carpenter, los efectos CGI (computer Generated imagery) se forzaron en la versión 2011 para dar la apariencia de haber sido creados con la técnica de stop motion de los ochenta y con modelos de arcilla, en lugar de computadoras.

La historia, insisto, ha ido y venido en la ciencia ficción una y otra vez. La serie “viaje al fondo del mar” de los sesentas recicló el argumento al infinito, cambiando al ser extraterrestre por alguna extraña entidad submarina que nunca se molestan mucho en explicar. Mulder y Scully viajan a Alaska en un episodio de los Expedientes X con el propósito de conocer el paradero de investigadores que se han perdido ahí, solo para quedar aislados y a merced de una criatura cuya biología está basada en el amoniaco, y a la que por lo tanto le sería del todo cómodo vivir en el frío más extremo.

Pero aunque la empatía pueda ser difícil y las personas en las cuales confiamos eventualmente nos pueden lastimar, eso no las convierte en implacables asesinos del espacio. Sin duda, a algunas no quedará más remedio que mandarlas al diablo. Y aunque el concepto  puede ser mejor que las películas mismas, debo admitir que ambas –especialmente la de Carpenter- me gustan mucho. En esta nueva versión la protagonista es la guapa Mary Elizabeth Winstead, “Ramona” en otra película reciente –y de mis nuevas favoritas- Scott Pilgrim vs the World.







Yo, por lo tanto, doy a la nueva versión tres Mingols, con la probabilidad de que el tiempo le ayude…o la haga envejecer prematuramente.